¡Quienes Somos?

ACARH es una asociación de ámbito regional sin ánimo de lucro, inscrita con el numero 22340 de la Sección Primera del Registro Único de Asociaciones de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha. La asociación se constituye por tiempo indefínido para el estudio, la investigación, el conocimiento, la divulgación y la recreación de hechos históricos. .

¿QUE ES LA RECONSTRUCCIÓN HISTORICA?

La reconstrucción histórica, como la frase implica, es traer a la vida el pasado, reviviendo algunos de sus aspectos para educar y al mismo tiempo entretener al público, para hacer más cercana la historia y despertar su interés en ella..

MUSEO MILITAR HISTORICO VIRTUAL DE ACARH

ACARH .Quiere resalsatar no solamente la importancia de los museos por su aportación a la configuración de la sociedad del mañana sino también que luchamos contra la ignorancia para mantener la cultura y contra la vulgaridad para mantener la cortesía y los buenos modales en el trabajo, en la calle y en la familia..

REFUGIOS ANTIAÉREOS DE ALBACETE

Refugio del Altozano, Albacete. Más de una docena de refugios antiaéreos públicos, y otros particulares, podían albergar a unas 17.500 personas (un tercio de la población albaceteña de entonces) .

Exhiben por primera vez la carta de Hitler

Exhiben por primera vez la carta de Hitler que cambió la historia El documento, de 1919, es la planificación del genocidio; el líder nazi describe allí el modo para aniquilar a los judíos; estuvo perdida 70 años.

jueves, 4 de mayo de 2017

La televisión en el III Reich

“Achtung, achtung! Dies ist der Fernsehsender Paul Nipkow. Wir freuen uns über die Volksgenossen und Volksgenoss des von TV-Lounges von Groß-Berlin mit deutschem Gruß, Heil Hitler”. Así empezaban cada día las emisiones de la Fernsehsender Paul Nipkow Berlín, la primera y única emisora de televisión del III Reich.

Había empezado a emitir sus señales de prueba el 18/04/1934. Casi un año después el Director de Retransmisiones del Reich, Eugen Hadamovsky, inauguraba el canal con un discurso en directo frente a decenas de periodistas acreditados: “En éste preciso momento la industria retransmisora es llamada a cumplir la gran y sagrada misión de grabar la imagen del Führer en cada corazón alemán y que nunca sea borrada.”

Las aplicaciones militares de la incipiente TV dependía del Ministerio de Transporte del Reich; las cuestiones técnicas era competencia del Ministerio de Correos y los contenidos de educación y propaganda los controlaba Goebbels.

Sin embargo, sólo unas pocas decenas de alemanes, la mayoría industriales y altos rangos del Partido NSDAP, tenían en sus casas una de éstas primigenias y caras televisiones que costaban 650 Reichsmarks. Un aparato mucho más caro que las populares radios Volksempfänger VE301 que costaban 76 Reichmarks (en 1938 las DKE38 costarían 35 RM). Los ciudadanos de a pie que querían ver los programas de la Paul Nipkow tenían que acudir a un salón público y compartir junto con otras 20 o 40 personas una pequeña pantalla de 19,5 cm x 22,5 cm. (otros modelos, como el Loewe FEB de 1935, tenía una pantalla de 16 cm x 19 cm). Junto a los aparatos siempre había un técnico que regulaba el contraste del aparato, subía o bajaba el sonido o ajustaba la imagen.

En el otoño de 1935, Berlín vio cómo se inauguraba en la calle Leipziger Strasse nº 13 el mayor salón de televisión de la ciudad: el Fernseh-Grossbildstelle der Deutschen Reichpost. Con una capacidad para 300 personas, la imagen de la televisión era ampliada mediante proyectores de cine y tenía un tamaño de 3 x 4 metros. Sin embargo éste nuevo invento gozaba de un éxito relativo y los propios miembros del gobierno seguían prefiriendo la radio como principal medio de comunicación y propaganda.

Para 1936 había 27 Fernsehstuben públicos por todo Berlín. Los salones de television más importantes se encontraban en la Leipziger Strasse 13 (Fernseh-Grossbildstelle der Deutschen Reichpost, Berlin W66), Postdamer Strasse 72a (Sportpalas, Berlin W57), Palisandenstrasse 90 (Berlin NO18), Geisbergstrasse 7 (Oficina Reichpost, Berlin W30), Belle-Alliance Strasse 81 (Berlin SW61), Müllerstrasse 146/147 (Berlin N65), Artillerienstrasse 10 (Berlin N, Postfuhramt), Berliner Strasse 62 (Haus des Rundfunks, Berlin-Charlottenburg I), Goethestrasse 2/3 (Berlin-Charlottenburg II), Hauptstrasse27 (Berlin-Schöneberg), Richardstrasse 119, Bergstrasse 1 (Berlin-Steglitz), Dottistrasse 12 (Berlin-Lichtenberg), Wollankstrasse 134 (Berlin-Pankow) y Am Kanal 16 (Berlin-Potsdam).

Paul Nipkow solía emitir diariamente de 20:00 a 22:00 hs. El canal siempre empezaba sus emisiones de la misma forma. De una pantalla en negro surgía el águila imperial en blanco, unos círculos concéntricos la rodeaban y debajo aparecía el nombre “Deutscher Fernseh-Rundfunk”. Entonces aparecía la bella presentadora Ursula Patzschke-Beutel quien daba la bienvenida a los televidentes alemanes, con el saludo: “Achtung, achtung! Ésta es la emisora de televisión Paul Nipkow. Damos la bienvenida a los camaradas en los salones de televisión del Gran Berlín con el saludo alemán, Heil Hitler.”

Su programación combinaba obras de teatro con números de vodevil, entrevistas, películas, pequeñas actuaciones musicales, conciertos y otros entretenimientos; poco a poco se amplía hacia los deportes, consejos domésticos, el teatro, etc, sin perder nunca de vista la voluntad adoctrinadora; es decir, que no solo se difunden las imponentes imágenes del Congreso anual de Nuremberg, sino que transmite constantemente la visión de una Alemania monolítica, aria y fuerte alrededor de Hitler.

Los JJ.OO. Berlín 1936 dieron un gran impulso al nuevo medio. Fue el primer evento transmitido en vivo por la TV en el mundo. Todos querían ver los principales actos de los juegos y sobre todo los reportajes que se desarrollaban en la villa olímpica. La cadena aumentó su programación de 2 a 8 horas diarias (de 10:00 a 12:00, de 15:00 a 19:00 y de 20:00 a 22:00) y se calcula que más de 160.000 personas acudieron a los salones de televisión para ver retransmisiones “en directo” de las pruebas principales de los juegos. Éstos eventos eran grabados por los Fernsehaufnahmewagen, camiones con modernas cámaras en el techo y un complejo sistema de bobinas en su interior que permitían emitir con un retraso de 4 minutos.

Tras los juegos, la programación continuó siendo de 2 hs y media diarias, siempre empezando con la locución de Ursula Patzschke-Beutel. La misma presentadora cerraba cada emisión esperando que los programas hubieran sido del agrado de los televidente e instándoles a escribir a la cadena de no ser así. Luego, con una contagiosa alegría, añadía: “Nos vemos en la próxima emisión. Heil Hitler!”
Los equipos de TV no cubrieron la guerra; lo que hacía era sólo emitir noticiarios y los comunicados oficiales. En esos momentos hacía tiempo que Joseph Goebbels había perdido interés por el medio televisivo. Y el personal de la emisora berlinesa tenía miedo que interrumpiesen las emisiones por culpa de la guerra. La máxima aspiración para todo el mundo era ser "importante para la guerra, indispensable, por lo que la TV decidió entretener a los soldados.

Como el estudio era muy pequeño, la emisora se trasladó al anfiteatro de Kupelsart; gracias a la cobertura de los JJ.OO. de 1936 había cables por todos los sitios. Lo único que tenía que hacer el personal de la emisora era conectar las cámaras: en el anfiteatro cabían 20.000 personas.

Era un vodevil, donde se buscaba hacer sonreír a los soldados. Llegaban las enfermeras con las ambulancias y trajeron los heridos, y se hicieron más de un centenar de espectáculos. Los 600 platós que había en Berlín se pusieron a disposición de la Wehrmacht: sólo en Berlín 11 hospitales conectaron con la TV y las emisiones se hicieron a medida para este grupo de espectadores. La cosa funcionó y los productores se volvieron indispensables. El espectáculo siguió. Los equipos de filmación incluso pudieron hacer reportajes desde la retaguardia.

La idea de ofrecer distracción a los soldados también se ofreció a la Francia ocupada. La emisora de Paris emitía sus programas desde la torre Eiffel aprovechando las instalaciones francesas: fue el montaje más importante de aquella época y funcionó: el mando militar estaba muy contento de tener una fuente de distracción para sus soldados pero el objetivo principal eran los hospitales ya que querían que los soldados dejasen de pensar en la guerra". A partir de 1943 ya era casi imposible hacer emisiones diarias. Las emisiones sufrían muchos daños por los bombardeos aliados: ni siquiera las canciones de Ilse Berger podían esconder la realidad de la guerra; por eso, hacia fines de ese año París dejó de transmitir.

No hay manera de saber cuánto tiempo los programas de TV aligeraron las penas a los soldados alemanes, pero lo cierto es que la organización de radio y televisión dejo de funcionar el 19/10/1944, cuando la cadena se despidió de sus televidentes por última vez (las transmisiones, muy limitadas, siguieron casi hasta la caída de Berlín, pero por cable).

La TV alemana emitió durante 9 años bajo el patrocinio del III Reich, libre de la presión de las audiencias, pero ahora la guerra estaba llegando al corazón de Alemania, y muchos periodistas y técnicos de la Paul Nipkow debieron cambiar cámaras por rifles y micrófonos por granadas, aun sabiendo que lo que necesitaba el pueblo no era más guerra y muerte sino información y entretenimiento.

Durante muchas décadas pareció que las imágenes televisivas que se habían generado en el III Reich se habían perdido para siempre. La programación se basaba en programas en directo, porque no tenían tecnología de grabación. Pero ahora, en las catacumbas del Bundesarchiv de Berlín han aparecido 285 rollos de película de 35mm que son un testimonio de las primeras épocas del medio. Estas grabaciones tan valiosas se habían almacenado en las entrañas del archivo.

"Todo el material televisivo original proviene de la antigua compañía radiofónica del Reich, cuenta Hans Gunther Voight, del Archivo Cinematográfico Federal, después pasó al Archivo Estatal de Alemania del Este, y desde allí, donde estuvo muchos años sin ningún uso, fue a parar al Bundesarchiv y ahora hemos trabajado con este material y lo hemos copiado en otros soportes".


FOTO 1 - La actriz alemana Ursula Patzschke-Beutel daba la bienvenida a los televidentes alemanes al inicio de cada transmisión, y también hacía la despedida cuando terminaba la programación de la TV.

FOTO 2 - La emisora berlinesa de TV Paul Nipkow solía emitir diariamente de 20:00 a 22:00 horas. Empezaba sus emisiones de la misma forma: de una pantalla en negro surgía el águila imperial en blanco, unos círculos concéntricos la rodeaban y debajo aparecía el nombre “Deutscher Fernseh-Rundfunk”.

FOTO 3 - Detalle de las instalaciones y la antena de transmisión de la emisora Paul Nipkow, en Berlín.

FOTO 4 - Los JJ.OO. Berlín 1936 dieron un gran impulso a la TV, ya que fue el primer evento transmitido en vivo por la TV en el mundo. Todos querían ver los principales actos de los juegos y sobre todo los reportajes que se desarrollaban en la villa olímpica. Éstos eventos eran grabados por los Fernsehaufnahmewagen, camiones con modernas cámaras en el techo y un complejo sistema de bobinas en su interior que permitían transmitir con un retraso de 4 minutos.

FOTO 5 - Detalle de una de las 3 modernas cámaras de TV motorizadas, utilizadas durante los JJ.OO. Berlín 1936, lo que da cuenta de la avanzada tecnología desarrollada por los alemanes en este campo.

FOTO 6 - No todos los alemanes podían costear una TV hogareña. Los ciudadanos de a pie que querían ver los programas de la Paul Nipkow tenían que acudir a un salón público y compartir una pequeña pantalla de 19,5 cm x 22,5 cm . Junto a los aparatos siempre había un técnico que regulaba el contraste, subía o bajaba el sonido o ajustaba la imagen. 

FOTO 7 - Cuando la TV decidió entretener a los soldados, la emisora se trasladó al anfiteatro de Kupelsart (gracias a la cobertura de los JJ.OO. de 1936 había cables por todos los sitios. Lo único que tenía que hacer el personal de la emisora era conectar las cámaras), donde cabían 20.000 personas.
Era un vodevil, donde se buscaba hacer sonreír a los soldados. Llegaban las enfermeras con las ambulancias y trajeron los heridos, y se hicieron más de un centenar de espectáculos. Los 600 platós que había en Berlín se pusieron a disposición de la Wehrmacht: sólo en Berlín 11 hospitales conectaron con la TV y las emisiones se hicieron a medida para este grupo de espectadores.

FOTO 8 - Modelo de aparato de TV alemán de la época, marca Telefunken FE V (años 1936-1937)














Bibliografía:


Alejandro Martel Sieben.

sábado, 29 de abril de 2017

Castigo a colaboracionistas

Cuando Petain firmó en junio de 1940 el armisticio con la Alemania de Hitler, Francia fue dividida en dos territorios: la zona ocupada por los alemanes y la Francia de Vichy, al principio sin ocupación militar alemana pero colaboradora del Eje. Hubo otra Francia, la que siguió la lucha, en el exilio o en la Resistencia, la Francia Libre. Cuando fue liberada París, atrás quedaba la colaboración de las autoridades de Vichy y la policía en la deportación de judíos franceses a los campos de concentración y exterminio, o el envío de 10.000 voluntarios fascistas franceses de la División Carlomagno al frente ruso para luchar contra la URSS. 




Los franceses que “colaboraron” con los ocupantes lo pasaron mal, y no sólo los máximos dirigentes como Petain o Laval, incluso simples ciudadanos acusados de apoyar a los ocupantes. Hubo actos públicos donde los colaboracionistas fueron sometidos al escarnio público o a algo peor. Se calcula que unos 10.000 franceses fueron ejecutados por colaboracionistas, la mayoría sumariamente, sin juicio alguno. Igual ocurrió en otros países con quienes apoyaron la ocupación alemana. 




La mujeres fueron de las que más sufrieron la vergüenza pública por mantener relaciones con soldados u oficiales alemanes, aunque en la gran mayoría de los casos eran relaciones de supervivencia. Incluso se dio algún caso aislado en que algunas mujeres actuaron de francotiradoras o saboteadoras contra las fuerzas aliadas. Entre las mujeres lo más habitual era cortarlas el pelo y hacerlas pasear desnudas o semidesnudas por las calles mientras la gente las insultaba o arrojaba objetos. Incluso eran expulsadas de la ciudad, algo que al principio era permitido por las autoridades aliadas.



En conjunto con la imagen anterior en esta la madre de Madeleine Bazise trata de proteger a su hija cerrando el paso en la puerta de su casa a los miembros de la resistencia, 1945.



Un grupo de mujeres francesas acusadas de colaboración, son humilladas públicamente, con sus cabezas rapadas y semidesnudas, son escoltadas por las calles parisinas, 1945.

Ejecución sumaria de acusados por colaboracionismo. Fatal destino.

Una mujer acusada de colaboradora, regresa con su hijo de padre alemán, a su hogar después de ser rapada por la resistencia, en el pueblo de Chartres, 1944.






Una mujer con su cabeza rapada, acusada de colaboracionismo, es escoltada por un miembro de la resistencia en las calles de Chartres después de su liberación, agosto 1944.

Miembros de la resistencia cortando el cabello a una mujer acusada de colaboracionismo, en 1944.





Y lo peor... ejecución pública de traidores franceses, por un pelotón en una plaza pública de Grenoble, 13 de septiembre de 1944. 

A la izquierda, dos hermanas, Madelaine Bazise y Suzanne Lemoine (sin pañuelo sobre su cabeza) son acusadas por otra mujer, de colaborar con los alemanes, en el pueblo de La Eglise, cerca de Liesville, 1945.

Dos personas acusadas de espionaje y colaboración con la Gestapo, al centro la mujer vestida de negro y el hombre de camisa blanca, son capturados por la resistencia francesa, fecha presumiblemente 1944.

Humillación de una chica francesa arrastrada desnuda y golpeada violentamente en una calle de Marsella por una multitud.






Bibliografía:

The Patriotic Traitors: A History of Collaboration in German-occupied Europe, 1940-45 por David Littlejohn ISBN 0-434-42725-X.
Toynbee, Arnold (1985). La Europa de Hitler. Madrid: Sarpe. ISBN 8459904121.
Shirer, William (1976). The rise and fall of the Third Reich : a history of nazi Germany. Londres: Pan Books. ISBN 0330700014.
Simon Kitson's Vichy web-page
Liberty, Equality, Fraternity, But Not for All: France and the "Alien" Jews, 1933–1942

lunes, 10 de abril de 2017

El último concierto de la Filarmónica de Berlín





Al tomar el poder el Partido Nacional-Socialista en 1933, el Estado Alemán asumió la financiación completa de la orquesta, que por fin pudo prescindir de los conciertos populares. La Filarmónica de Berlín - y Furtwängler - eran ahora la Orquesta Insignia alemana, y, por tanto, representantes culturales del nuevo Estado. A consecuencia de este hecho, en los meses siguientes, varios miembros de la orquesta, de origen judío, entre ellos el Konzertmeister Szymon Goldberg, tuvieron que abandonar sus puestos en la orquesta, y emigraron fuera del país, sobre todo a Estados Unidos. Al mismo tiempo, varios miembros de la orquesta se afiliaron al Partido Nazi, y comenzaron a ejercer presión sobre sus compañeros.


En 1934 Furtwängler dirigió a la Filarmónica música del prohibido Felix Mendelssohn, y el estreno de la sinfonía Mathis der Maler, de Hindemith, al que el régimen consideraba una autor de "Música degenerada", y a quien el director defendió públicamente. A raíz del consiguiente escándalo, Furtwängler fue obligado a renunciar a todos sus cargos. En lo sucesivo sólo pudo dirigir a la Filarmónica como director invitado, y la orquesta quedó sin un director titular.


El 12 de abril de 1945, tuvo lugar el último concierto de la Filarmónica en la capital del desmoronado III Reich. Berlín era una ciudad asediada y ya en ruinas. La idea de celebrar este último concierto partió del Ministro de Armamento, Albert Speer, que también fue el arquitecto jefe de Hitler. El último concierto de la Filarmónica antes del final de la guerra se produjo en la Sala Beethoven el 19 de marzo de 1945, con obras de Mozart, Haendel y Beethoven, dirigidas por Johannes Schüller. El edificio de la Philharmonie había resultado destruido el año anterior por un bombardeo aéreo. 


La Filarmónica de Berlín no estuvo dirigida por su director habitual, Wilhelm Furtwängler, que había huído a la neutral Suiza. La condujo con su batuta Johannes Schüller en la sala Beethoven ya que el edificio principal fue destruido por los bombardeos aliados un año antes.


Furtwängler dirige a la Filarmónica en un concierto propagandístico en la fábrica AEG de Berlín, en 1942.


Todos los asistentes al concierto se encontraban atrapados en la ciudad. A tan solo 50 kilómetros se encontraban las tropas soviéticas. Durante el concierto nadie se quitó el abrigo. Hacía un frío glacial y no había electricidad. Nadie estaba tranquilo, todos estaban serios y preocupados ante el apocalipsis que se cernía sobre Berlín.


El programa incluía el Concierto para violín de Ludwig Van Beethoven y la Sinfonía Romántica de Anton Bruckner, la señal de Speer a los músicos de que debían prepararse para abandonar Berlín lo antes posible si no querían ser reclutados forzosamente en las Volkssturm, el "ejército del pueblo", usado como carne de cañón y formado por ancianos y niños que servía de última esperanza a Alemania, o ser capturados por los soviéticos. Finalmente, como si de una ópera dramática se tratase, el concierto finalizó con el Götterdämmerung (Crepúsculo de los Dioses) de Richard Wagner, como siniestra banda sonora del fin del III Reich, que Hitler vaticinó que duraría mil años.


Según cuentan, a la salida, adolescentes de las Juventudes Hitlerianas entregaron cápsulas de cianuro a los asistentes.


El 30 de mayo de 1945, se celebró el primer concierto de una Europa que entraba en la dura postguerra. El primer concierto una vez terminada la guerra tuvo lugar el 30 de mayo, tres semanas después del fin de los combates en Europa, en el Titania-Palast, un antiguo cine en el barrio berlinés de Steglitz, que en los años sucesivos fue una de las sedes provisionales de la orquesta. Se interpretaron obras de Mendelssohn (redimido tras la guerra), Mozart y Tchaikovsky y el director fue el ruso Leo Borchard, ya que las autoridades norteamericanas de ocupación habían prohibido a Furtwängler volver a dirigir en Alemania, mientras no fuera sometido a una investigación de su relación con el régimen nacional-socialista.


De hecho, Furtwängler escapó a Suiza poco después de un concierto en Viena con la Orquesta Filarmónica de Berlín el 28 de enero de 1945. En aquel concierto dirigió una versión de la Sinfonía nº 2 de Brahms que fue grabada en cinta y es considerada como una de sus grandes versiones.



Tras la guerra, las grabaciones radiofónicas fueron confiscadas por la Unión Soviética, que en 1990 devolvió una copia a la República Federal de Alemania.


En mayo de 1947, tras concluir el proceso de desnazificación, y una vez levantada la prohibición, Furtwängler volvió al podio de la Filarmónica, interpretando obras de Beethoven. En un histórico concierto, el 28 de septiembre, el violinista Yehudi Menuhin, que había apoyado públicamente a Furtwängler durante la desnazificación, tocó con él y con la Filarmónica el Concierto para violín de Beethoven. En 1948, Furtwängler y Celibidache llevaron a la orquesta por primera vez después de la guerra de gira al extranjero, a Inglaterra. Ambos directores compartieron la titularidad de la orquesta hasta 1952, cuando el gobierno de la ciudad de Berlín asumió la gerencia de la orquesta, y ofreció a Furtwängler el puesto de director principal vitalicio.


Orquesta Filarmónica en la Berliner Philharmonie.




Bibliografía:

En alemán:
E. Furtwängler, Über Wilhelm Furtwängler, Brockhaus, Wiesbaden, 1980 (Wilhelm Furtwängler, Lattès, Paris, 1983)
W. Furtwängler, Gespräche über Musik, Atlantis Verlag, Zurich, 1948, 2e éd. 1949; Ton und Wort, Brockhaus, 1954, 10e éd. 1982 (s s; Der Musiker und sein Publikum, Atlantis Verlag, 1954; Aufzeichnungen Birkner éd. Brockhaus, 1980 (Notebooks 1924-1954, M. Tanner, Londres, 1989).
B. Geissmar, Musik im Schatten der Politik, Atlantis Verlag, Zurich, 1985.
K. Hocker, Wilhelm Furtwängler, Weg und Wesen, Rembrandt Verlag, Berlin, 1960.
C. Riess, Furtwängler, Musik und Politik, Scherz, Berne, 1953.
F. Thiess, Wilhelm Furtwängler Briefe, Brockhaus, 1980.
Wackernagel, Wilhelm Furtwängler. Die Programme der Konzerte mit dem Berliner Philharmonischen Orchester, 1922-1954, ibid., 1958
B. Wessling, Furtwängler, eine kritische Biographie, Deutsche Verlag Anstalt, Stuttgart, 1985.
Johannes Althoff: Die Philharmonie. Berlin-Edition, Berlin 2002, ISBN 3-8148-0035-4.
Oliver Blümel: Die zweite und dritte Sinfonie Wilhelm Furtwänglers. Tenea, Berlin 2003, ISBN 3-936582-70-X.
Dietrich Fischer-Dieskau: Jupiter und ich. Begegnungen mit Wilhelm Furtwängler. Berlin Univ. Press, Berlin 2009, ISBN 978-3-940432-66-7.
Elisabeth Furtwängler: Über Wilhelm Furtwängler. F.A. Brockhaus, Wiesbaden 1979, ISBN 3-7653-0307-0.
Herbert Haffner: Furtwängler. Parthas, Berlin 2003, ISBN 3-932529-45-6.
Annemarie Kleinert: Berliner Philharmoniker von Karajan bis Rattle. Jaron, Berlin 2005, ISBN 3-89773-131-2. (online)
Fred K. Prieberg: Kraftprobe. Wilhelm Furtwängler im Dritten Reich. Brockhaus, Wiesbaden 1986.
DIE ZEIT Klassik-Edition, Band 10: Wilhelm Furtwängler. mit CD (Neunte von Beethoven), Zeitverlag Gerd Bucerius, ISBN 3-476-02210-2.
Jan Schmidt-Garre: Furtwänglers Liebe, Filmessay. DVD Arthaus
Eberhard Straub: Die Furtwänglers. Geschichte einer deutschen Familie. Siedler Verlag, München 2007, ISBN 978-3-88680-839-710
Wilhelm Furtwängler In Diskussion / Werkverzeichnis Wilhelm Furtwängler - Amadeus Verlag (Bernhard Päuler), Winterthur, Schweiz, ISBN 3-905049-72-4
En francés:

Elisabeth Furtwängler, Pour Wilhelm: suivi d'une correspondance inédite (1941-1954) [« Über Wilhelm Furtwängler»], Paris, L'Archipel, 2004, 204 p. (ISBN 2-84187-646-2)
Gérard Gefen, Furtwängler: Une biographie par le disque, Paris, Belfond, 1986, 222 p. (ISBN 2-7144-1866-X)
Audrey Roncigli (préf. Jeremy Menuhin), Le cas Furtwängler: un chef d'orchestre sous le IIIe Reich, Paris, Imago, 2009, 294 p. (ISBN 978-2-84952-069-7)
Werner Thärichen (préf. Rémy Louis), Furtwängler ou Karajan, Arles, B. Coutaz, coll. « Collection Musique», 1990, 159 p. (ISBN 2-87712-043-0)
En inglés:
Ardoin, John. The Furtwängler Record, Portland, Amadeus press, 1994, 378 p. (ISBN 0-931340-69-1)
Furtwängler, E. Furtwangler's Love, DVD, Jan Schmidt-Garre, Arthaus Musik, 2008.
Gillis, D. Furtwängler and America, Maryland Books, New-York, 1970, rep. Rampart Press, Forestville (Calif.), 1980.
Kater, M. H. The Twisted Muse: Musicians and Their Music in the Third Reich, Oxford University Press, Oxford, 1997.
Prieberg, F. K. Trial of Stength. Wilhelm Furtwängler and the Third Reich, Quartet Books, Londres, 1991
Schönzeler, H.-H. Furtwängler, Timber Press, Portland (Ore.), 1990.
Shirakawa, S. H. The Devil's Music Master. The Controversial Life and Career of Wilhelm Furtwängler, Oxford Univ. Press, New-York, 1992.PS








































jueves, 6 de abril de 2017

Mito y fantasía de la Francia resistente


César Cervera. Diario ABC 12/06/2015.

El escaso papel militar de la Resistencia francesa.

La imagen de los miembros de «La Résistance», ataviados con boinas y brazaletes, combatiendo a los alemanes por los bosques bretones, ocupa un lugar preferente en la vinculación histórica de los franceses como pueblo centinela de la libertad. No obstante, la realidad de Francia durante la II Guerra Mundial fue otra muy distinta al mito que hoy pervive. La Resistencia francesa se antojó escasa frente a un régimen que contó con gran respaldo por parte de los grupos dirigentes franceses, ya fuera por miedo o por interés político.

Francia se vio obligada a firmar un armisticio con Alemania el 22 de junio de 1940 que condujo a la ocupación directa alemana de París y de dos tercios de Francia. Como muestra de humillación, Adolf Hitler impuso que el documento se firmara cerca de Compiègne, ya que allí se había firmado el armisticio con Alemania en la Primera Guerra Mundial. Ordenó, además, que se trajera el mismo vagón de ferrocarril donde se había firmado aquel armisticio y se colocó en el mismo lugar donde había estado en 1918

El sabotaje de las líneas de suministro militar, las operaciones militares de bajo impacto contra las tropas de ocupación y las fuerzas del régimen de Vichy y la difusión de una amplia prensa clandestina fueron las principales actividades de «La Résistance», que, a través de los conocidos como maquis, afianzaron su area de acción sobre las zonas montañosas de Bretaña y del sur de Francia. Estos grupos clandestinos, sin embargo, solo llegaron a movilizar al 2 o 3% de la población francesa en su periodo de mayor actividad. Una cifra escasa frente al colaboracionismo reinante y el sorprendente silencio de muchos grupos políticos como los comunistas.

Además de implicar a un porcentaje bajo de la población, que se elevó solo cuando el balance de fuerzas europeas empezó a perjudicar a los alemanes, el impacto militar de las acciones de la Resistencia francesa ha sido estimado por los expertos en el conflicto mundial como muy limitado.

la Resistencia Francesa apenas fue una brisa comparada con la ventisca kamikaze del levantamiento del gueto de Varsovia, el incansable coraje del Armia Krajowa en Polonia, la tenacidad de los guerrilleros griegos y soviéticos, y la efectiva audacia de los partisanos yugoslavos. Fue, de hecho, un decisión propagandística del carismático Charles de Gaulle la que equiparó la oposición de su país a la mostrada en otros rincones de Europa.

En paralelo a la tímida resistencia surgida en el interior de Francia, el general Charles de Gaulle fundó en su exilio en Londres el movimiento «Francia Libre» en contra del gobierno de Vichy.

La resistencia interna no fue apenas relevante desde el punto de vista militar hasta los últimos compases del conflicto, pero su progresiva implantación en las masas populares, rurales y urbanas contribuyó a crear un ambiente hostil contra las tropas germanas que, con cada acción de sabotaje, iba minando un poco más la moral alemana.

Al final del conflicto, las fuerzas de la Resistencia pudieron desempeñar un papel activo en la liberación de su país. Tras el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, liberaron, sin intervención del Ejército aliado, toda la parte de Francia situada al sur y oeste del Loira y del Ródano, después de haber reconquistado Córcega en 1943. Participaron, asimismo, en otros frentes junto a los ejércitos angloamericanos para liquidar los últimos rescoldos controlados por los alemanes.

























Bibliografía:

Robert Paxton: Vichy France Old Guard and New Order.
Alan Riding: "Y siguió la fiesta".

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